Carta de despedida
Hola. No sabés lo difícil que me es escribirte una carta de despedida. No solo porque nunca es un adiós, sino más porque tengo muchas cosas para decirte y tan pocas formas de decirlo que tengo miedo que me malinterpretes. Pero bueno, alguien (o mejor dicho, alguno de los dos) tiene que hacerlo.
Pasamos mucho tiempo de felicidad juntos; yo lo sé y vos también. Aprendimos tanto uno del otro y de nosotros mismos que sólo por eso valió la pena este sufrimiento que hoy padezco. ¿Puedo mirarte a los ojos y decirte que ya no te quiero? No lo creo. Porque la verdad es que te quiero más que a muchas cosas en este mundo, pero con querer no alcanza. Y sí, ya sé, me vas a preguntar porqué te digo que te quiero ahora, y la verdad es que porque en este preciso momento te odio.
Si te odio. Y porque te odio me doy cuenta que te quiero. Porque en realidad no te odio a vos. Odio este momento; odio esta situación que tenemos que vivir; odio verme escribiéndote en el desenlace de un final triste; me odio por no haber podido hacer que esto funcione y tenerte a mi lado, y te juro que no lo decidí yo. Fue el tiempo que nos dio su peor sonrisa para regalarnos la esperanza de ser felices, aunque cada uno por su lado. Pero en fin, por todo esto digo que te quiero.
¿Cerraste los ojos en algún momento para recordar? Todavía tengo tu tacto en mi piel, en mis manos, en mi rostro. También te confieso que hoy me estuve riendo con vos. Y te veía reír, en esos momentos en que reíamos con el corazón. Solo vos y yo, solo nosotros reíamos.
Miles de calles recorridas, con sol, con lluvia, con luna y sin ella. Nunca besé a nadie con tanto amor, y quiero creer que vos tampoco lo hiciste. Y aunque hubiese sido así no me importa porque tus besos, “mis besos”, fueron todos y cada uno únicos e irrepetibles. Y sin embargo no alcanzó y tuvimos que firmar el final de este capítulo de nuestras vidas.
Tengo nuestra foto entre las manos, y no puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas y al mismo tiempo decir que no me arrepiento de comenzar de nuevo. No creas que es por despecho, ni siquiera se le parece. Si alguien me preguntara en este momento sobre lo vivido a tu lado, lo único que podría decirle es que fue hasta hoy lo mejor de mi vida, y que volvería a elegirte y a amarte como te amé si volviera a nacer. Pero irremediablemente, la vida es una sola y esta es la mía.
Estoy seguro que el tiempo nos enseñará a perdonarnos esas semillas de maldad que nos dimos, aunque hoy parezca mentira. Y talvez, en unos años, nos volvamos a cruzar y nos miremos con un poco de miedo, vergüenza, y superación. Y si llegamos a ser lo suficientemente maduros, y lo exactamente justos como para reconocer lo importantes que fuimos el uno para el otro, nos encontraremos diciéndonos “hola, ¿cómo estás?”. Y en ese momento talvez recordemos las miradas cómplices que nos hacíamos, los momentos felices que hoy aparecen tan empañados por este hasta luego que si no existieran sería lo mismo. Y en medio de todo ello, quizás vengan como flashes nuestro primer beso, la primera vez que nos vimos desnudos de ropa y de cuerpo, frente a frente, y sin decir más que un “nos vemos” sigamos cada uno su camino.
¿Dónde quedaran ahora nuestros sueños de familia? ¿Y esos dos hijos que siempre juramos que íbamos tener? ¿Y el perro? ¿Tiene sentido? Sí lo tiene. Para mí nunca tuvo más sentido que ahora que estoy por fuera de la historia de tu vida. Soy parte de un capítulo, pero mi personaje no llega hasta el final de la obra, y eso está bien para mí.
No quiero agobiarte con mi carta, pero necesito decirte gracias por última vez. Gracias por haber sido parte de mi vida; gracias por haberme enseñado a reír a llorar, a mirar el mundo con los ojos de la esperanza; gracias por tanta ternura; gracias por tus abrazos en el momento en que necesitaba que alguien me sostenga; gracias por cada una de tus palabras y tus silencios; gracias por darme la oportunidad de amarte, de quererte; gracias por tu naturalidad, por tu ingenuidad, por tus locuras porque aprendí a ser mejor persona a tu lado. Tantas cosas tengo para agradecerte que no sé si pueda terminar en algún momento.
Tantos sentimientos duelen, y aunque la seguridad de mis palabras es rotunda, no puedo dejar de repetirme que estamos mejor así; lejos. Porque más allá de que no quieras aceptarlo, sabés que pasó bastante tiempo desde que dejaste de necesitar mi voz, mis labios, mis brazos, mis manos, mis ojos. Yo lo sé y vos también, aunque eso no haga menos miserable el dolor que nos desarma por dentro.
Sólo me queda despedirme, y te prometo no ponerme asquerosamente hipócrita cuando te diga que espero que seas feliz, que voy a desaparecer y vas a desaparecer de mi vida por un tiempo al menos, pero que sin embargo hay un pedacito de vos que está dentro de mí y no lo pienso dejar escapar. Tal vez la vida nos vuelva a cruzar en sus sendas, y espero que podamos sentir que esta ruptura no fue en vano.
No quiero terminar esta carta, porque hay muchas más cosas por decir. Pero no puedo escribirte para siempre. En definitiva todo tiene que tener un fin.
Te quiero. Te voy a extrañar. Pero sé que es la segunda mejor decisión que tomamos en nuestras vidas, porque la primera fue la de permitirnos compartir este tiempo juntos.
Pasamos mucho tiempo de felicidad juntos; yo lo sé y vos también. Aprendimos tanto uno del otro y de nosotros mismos que sólo por eso valió la pena este sufrimiento que hoy padezco. ¿Puedo mirarte a los ojos y decirte que ya no te quiero? No lo creo. Porque la verdad es que te quiero más que a muchas cosas en este mundo, pero con querer no alcanza. Y sí, ya sé, me vas a preguntar porqué te digo que te quiero ahora, y la verdad es que porque en este preciso momento te odio.
Si te odio. Y porque te odio me doy cuenta que te quiero. Porque en realidad no te odio a vos. Odio este momento; odio esta situación que tenemos que vivir; odio verme escribiéndote en el desenlace de un final triste; me odio por no haber podido hacer que esto funcione y tenerte a mi lado, y te juro que no lo decidí yo. Fue el tiempo que nos dio su peor sonrisa para regalarnos la esperanza de ser felices, aunque cada uno por su lado. Pero en fin, por todo esto digo que te quiero.
¿Cerraste los ojos en algún momento para recordar? Todavía tengo tu tacto en mi piel, en mis manos, en mi rostro. También te confieso que hoy me estuve riendo con vos. Y te veía reír, en esos momentos en que reíamos con el corazón. Solo vos y yo, solo nosotros reíamos.
Miles de calles recorridas, con sol, con lluvia, con luna y sin ella. Nunca besé a nadie con tanto amor, y quiero creer que vos tampoco lo hiciste. Y aunque hubiese sido así no me importa porque tus besos, “mis besos”, fueron todos y cada uno únicos e irrepetibles. Y sin embargo no alcanzó y tuvimos que firmar el final de este capítulo de nuestras vidas.
Tengo nuestra foto entre las manos, y no puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas y al mismo tiempo decir que no me arrepiento de comenzar de nuevo. No creas que es por despecho, ni siquiera se le parece. Si alguien me preguntara en este momento sobre lo vivido a tu lado, lo único que podría decirle es que fue hasta hoy lo mejor de mi vida, y que volvería a elegirte y a amarte como te amé si volviera a nacer. Pero irremediablemente, la vida es una sola y esta es la mía.
Estoy seguro que el tiempo nos enseñará a perdonarnos esas semillas de maldad que nos dimos, aunque hoy parezca mentira. Y talvez, en unos años, nos volvamos a cruzar y nos miremos con un poco de miedo, vergüenza, y superación. Y si llegamos a ser lo suficientemente maduros, y lo exactamente justos como para reconocer lo importantes que fuimos el uno para el otro, nos encontraremos diciéndonos “hola, ¿cómo estás?”. Y en ese momento talvez recordemos las miradas cómplices que nos hacíamos, los momentos felices que hoy aparecen tan empañados por este hasta luego que si no existieran sería lo mismo. Y en medio de todo ello, quizás vengan como flashes nuestro primer beso, la primera vez que nos vimos desnudos de ropa y de cuerpo, frente a frente, y sin decir más que un “nos vemos” sigamos cada uno su camino.
¿Dónde quedaran ahora nuestros sueños de familia? ¿Y esos dos hijos que siempre juramos que íbamos tener? ¿Y el perro? ¿Tiene sentido? Sí lo tiene. Para mí nunca tuvo más sentido que ahora que estoy por fuera de la historia de tu vida. Soy parte de un capítulo, pero mi personaje no llega hasta el final de la obra, y eso está bien para mí.
No quiero agobiarte con mi carta, pero necesito decirte gracias por última vez. Gracias por haber sido parte de mi vida; gracias por haberme enseñado a reír a llorar, a mirar el mundo con los ojos de la esperanza; gracias por tanta ternura; gracias por tus abrazos en el momento en que necesitaba que alguien me sostenga; gracias por cada una de tus palabras y tus silencios; gracias por darme la oportunidad de amarte, de quererte; gracias por tu naturalidad, por tu ingenuidad, por tus locuras porque aprendí a ser mejor persona a tu lado. Tantas cosas tengo para agradecerte que no sé si pueda terminar en algún momento.
Tantos sentimientos duelen, y aunque la seguridad de mis palabras es rotunda, no puedo dejar de repetirme que estamos mejor así; lejos. Porque más allá de que no quieras aceptarlo, sabés que pasó bastante tiempo desde que dejaste de necesitar mi voz, mis labios, mis brazos, mis manos, mis ojos. Yo lo sé y vos también, aunque eso no haga menos miserable el dolor que nos desarma por dentro.
Sólo me queda despedirme, y te prometo no ponerme asquerosamente hipócrita cuando te diga que espero que seas feliz, que voy a desaparecer y vas a desaparecer de mi vida por un tiempo al menos, pero que sin embargo hay un pedacito de vos que está dentro de mí y no lo pienso dejar escapar. Tal vez la vida nos vuelva a cruzar en sus sendas, y espero que podamos sentir que esta ruptura no fue en vano.
No quiero terminar esta carta, porque hay muchas más cosas por decir. Pero no puedo escribirte para siempre. En definitiva todo tiene que tener un fin.
Te quiero. Te voy a extrañar. Pero sé que es la segunda mejor decisión que tomamos en nuestras vidas, porque la primera fue la de permitirnos compartir este tiempo juntos.
